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Radar · Ciudad de México, México
Cinco diseñadores mexicanos que mueven el centro
La Semana del Arte de Ciudad de México ya no sólo concentra miradas: también revela una escena que trabaja desde Puebla, Nezahualcóyotl, Mérida y la experiencia chicana.
Redacción MADE LATINO·Aug 24, 2026·7 min
La Semana del Arte de Ciudad de México funciona como vitrina, pero la historia más interesante ocurre fuera de su perímetro: una red de autores jóvenes está llevando materiales, técnicas y geografías distintas al mercado del diseño coleccionable.
Durante la Semana del Arte de febrero de 2026, el diseño volvió a ocupar un lugar visible entre ferias, galerías y exhibiciones temporales. Zona Maco mantiene desde hace quince años una sección dedicada al campo; Unique Design X desembarcó en la ciudad en 2024; y los espacios independientes aprovechan esos días para presentar obra nueva. La concentración es útil: compradores, prensa, curadores y diseñadores pueden verse en un radio reducido. También puede producir una ilusión, la de que todo comienza y termina en la capital.
Los cinco nombres seleccionados por Wallpaper después de la edición 2026 desarman esa lectura. Alan Aguilar Canela trabaja desde Puebla. Studio Multiply tiene base en Ciudad Nezahualcóyotl. Métamo produce desde Mérida. Yasmin Mora, bajo el nombre Umaguma, construye una práctica chicana entre México y Estados Unidos. Studio Lares sí nació en Ciudad de México, pero su fundadora llegó después de formarse y trabajar en Nueva York. No constituyen un movimiento ni comparten un manifiesto. Lo que los aproxima es más concreto: convierten técnicas y materiales reconocibles en productos con autoría legible, sin reducir lo mexicano a una decoración.
Puebla: emoción en vidrio y aluminio
Alan Aguilar Canela tenía 27 años cuando presentó Ikigai en la sección emergente de Zona Maco 2026. Su colección anterior, A Deeper Void, usaba círculos, triángulos y rectángulos de vidrio laminado en azul, amarillo y rojo. La referencia a la Bauhaus era explícita, pero el resultado no buscaba reconstruir una pieza histórica: las formas se trababan entre sí para producir mesas de presencia gráfica, casi como signos habitables.
En Ikigai, Canela cambió la transparencia y el color primario por aluminio crudo. Dos libreros con ruedas combinan planos rectos y curvos, y trasladan cierta disciplina del minimalismo japonés a objetos que siguen teniendo movilidad y carácter. El diseñador también trabaja joyería, un cambio de escala que ayuda a entender su precisión: la unión, el borde y la proporción no son terminaciones secundarias, sino el lugar donde el objeto adquiere identidad. Para un comprador, la pregunta decisiva no es si la referencia cultural se reconoce, sino si la pieza sostiene interés una vez desaparece el relato de feria. En sus mejores trabajos, la respuesta parece estar en la estructura.
Dos maneras de usar el oficio
Studio Lares y Studio Multiply comparten una atención por la manufactura, pero la organizan de modos opuestos. Natalia Laresgoiti fundó Studio Lares en Ciudad de México en 2024, después de trabajar en interiorismo en Nueva York. Su primera colección, lanzada en 2025 y exhibida completa en Unique Design X 2026, reúne una banca recubierta con azulejo cerámico rojo oscuro, una mesa de nogal integrada a un asiento tapizado, una credenza de nogal, una lámpara y un espejo de acero con vidrio fundido.
La colección es breve y doméstica. Laresgoiti ha explicado que quiere producir piezas duraderas, ajenas al recambio acelerado de tendencias. Esa intención se reconoce en la paleta contenida y en la forma de introducir el gesto artesanal: el vidrio fundido o el azulejo no se agregan como una credencial regional, sino que resuelven superficie, reflejo y tactilidad. La producción mexicana aparece como capacidad material, no como tema.
Studio Multiply, fundado también en 2024 por los arquitectos Ricardo Enriquez y Ricardo Valdés, hace visible la fricción entre oficio y fabricación contemporánea. Su lámpara mural Luneta emplea rechazado en latón —una técnica de orfebrería asociada a candelabros antiguos— sobre una estructura impresa en 3D. Vitralita monta vidrio emplomado sobre una base de aluminio anodizado y se activa al tacto. Las mesas Vaaca y Recinto unen cuero bovino o piedra volcánica tallada con marcos rígidos de acero inoxidable.
La pieza más reveladora quizá sea la Silla del Mandado: rafia plástica, color y asas que recuerdan las bolsas mexicanas de compras aparecen en un sillón. No ennoblece el material ocultando su origen popular; lo hace trabajar en otra tipología. Ahí hay una posición de diseño más interesante que la simple mezcla de “tradición y tecnología”: cada proceso conserva suficiente extrañeza como para discutir con el otro.
Un textil entre dos países
Yasmin Mora crea alfombras y piezas textiles de gran escala con lana oaxaqueña hilada y teñida de forma natural. Bajo Umaguma, el tufting produce siluetas curvas que pueden recordar un coral, un mapa líquido o un organismo en expansión. Durante la Semana del Arte, dos obras aparecieron en Forms in Suspension, exhibición de Toro Manifesto, la galería que la representa.
Mora nació en California y ha vivido entre Estados Unidos y México. Su condición chicana no es información periférica: organiza una obra acerca de memoria, pertenencia y transformación. Antes de dedicarse al textil trabajó en tecnología; en Oaxaca encontró una cadena material con la cual relacionar oficio, abastecimiento y lenguaje contemporáneo. La lana no actúa como un atajo hacia la autenticidad. Sus composiciones, cercanas por momentos al constructivismo y a la psicodelia doméstica de los setenta, insisten en que una identidad doble también puede producir una forma inestable, sin obligación de elegir un lado.
Como producto, una Umaguma exige espacio y atención: no es una alfombra neutral que completa una sala. Esa condición la acerca al arte textil, pero no elimina su relación con el piso, la acústica y el cuerpo. El valor está precisamente en sostener ambas lecturas.
Mérida: la curva no es ornamento
Manuel Eduardo Peón Ceballos y Yadir Iván Chan Martín fundaron Métamo Studio en 2024, después de operar juntos un taller de carpintería. Desde Mérida producen muebles de maderas como rosa morada y encino. Las sillas Venus y Marte, presentadas en Zona Maco 2026, condensan su lenguaje: volúmenes compactos, respaldos curvos y líneas que parecen continuar más allá de la función inmediata.
El estudio relaciona esas curvas con paisajes de Yucatán —cenotes, costa y lagunas— y con elementos de la arquitectura maya. Conviene tomar esa explicación como una procedencia, no como una prueba automática de calidad. Lo convincente está en cómo la referencia se vuelve apoyo, espesor y vacío. La madera queda expuesta, sin decoración añadida, y la silueta debe cargar con toda la pieza.
Estos cinco casos no anuncian un nuevo “estilo mexicano”. Hacen algo más útil: amplían el mapa de producción y muestran varias maneras de ingresar al circuito contemporáneo. La Semana del Arte entrega visibilidad, pero el centro real se mueve cuando un estudio puede fabricar, documentar, distribuir y sostener su práctica desde otra ciudad. El próximo indicador no será cuántas piezas aparecen en febrero, sino cuántas siguen produciéndose —con calidad, trazabilidad y mercado— durante el resto del año.



