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MADE LATINO
Río de Janeiro, territorio de los Parangolés de Hélio Oiticica

Río de Janeiro. Wikimedia Commons. Contexto de ciudad; no es fotografía de un Parangolé.

Canon · Río de Janeiro, Brasil

Los Parangolés no se cuelgan: se bailan

Hélio Oiticica sacó el color del cuadro y lo puso sobre cuerpos que sambaban. En 1965 los passistas de Mangueira llegaron al museo y el museo no supo qué hacer.

Redacción MADE LATINO·Aug 30, 2026·7 min de lectura

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Hélio Oiticica empezó donde empezaron todos: estudiando con Ivan Serpa en el MAM de Río en 1954, en el Grupo Frente desde 1955, neoconcreto desde 1959. Después hizo algo que ninguno de sus contemporáneos hizo: subió al morro.

Frecuentó la Estação Primeira de Mangueira, aprendió a sambar y llegó a ser passista de la escuela. De ahí salieron los Parangolés.

Qué es un Parangolé

Capas, estandartes y tiendas hechas de telas coloreadas y pintadas, nylon, arpillera y gasa, a veces con guijarros, arena, paja, conchas, fotografías y textos políticos. Existen plenamente solo cuando alguien se los pone y baila. Colgados de una pared son cadáveres.

El nombre lo tomó de un trapo con la palabra «parangolé» que un mendigo tenía colgado en la calle. En jerga significa algo así como agitación repentina, sarao.

Agosto de 1965, MAM Río

En Opinião 65, con más de mil asistentes y veintinueve artistas, los passistas de Mangueira fueron impedidos de entrar al museo —el Diário Carioca registró como pretexto «el ruido de panderetas, tamborines y sartenes»— y bailaron en el jardín. Fue la primera aparición pública de los Parangolés.

El propio MAM matiza hoy la historia: existe una fotografía de Nildo da Mangueira con un Parangolé dentro del museo, junto a Oiticica. La expulsión total tiene documentación ambigua. Lo que no es ambiguo es el gesto de la institución.

Tropicália, 1967

Un ambiente laberíntico con dos Penetráveis, PN2 «Pureza é um mito» y PN3 «Imagético», hecho de madera, tela, plástico, arena, gravilla, plantas tropicales, guacamayos vivos y un televisor en blanco y negro. Se estrenó en Nova Objetividade Brasileira, en el MAM de Río, en abril de 1967.

El título pasó al álbum colectivo Tropicália ou Panis et Circensis (1968) de Caetano Veloso, Gilberto Gil y compañía, y de ahí al movimiento entero. Es decir: la obra bautizó a la música, no al revés. Oiticica lo encuadraba en la antropofagia de Oswald de Andrade — devorar los símbolos brasileños, no ilustrarlos.

Dónde queda todo eso

El Reina Sofía conserva Tropicália en edición autorizada 3/3, no el ambiente original. Los Parangolés se ven hoy sobre todo en fotografías y películas; activarlos con público es excepcional. Y en octubre de 2009 un incendio en la casa del hermano del artista, sede del acervo familiar y sin seguro, destruyó una parte sustancial de la obra.

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