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MADE LATINO
Bogotá, ciudad desde la que Doris Salcedo trabaja la memoria material

Bogotá. Wikimedia Commons. Contexto de ciudad; no es fotografía de Shibboleth ni de Untitled.

Obra · Bogotá, Colombia

Doris Salcedo fundió 8.994 armas y las convirtió en un piso que se puede pisar

Fragmentos, en Bogotá, es un contramonumento: 1.288 baldosas martilladas por víctimas de violencia sexual con el acero de los fusiles entregados por las FARC.

Redacción MADE LATINO·Aug 30, 2026·8 min de lectura

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El acuerdo de paz colombiano establecía que el metal de las armas entregadas por las FARC se destinaría a tres monumentos. Doris Salcedo hizo lo contrario de un monumento.

Fragmentos abrió el 10 de diciembre de 2018 sobre las ruinas de una casa colonial en el centro de Bogotá. Treinta y siete toneladas de acero de 8.994 armas, fundidas en INDUMIL, convertidas en 1.288 baldosas de unos 60 × 60 cm y 40 kg cada una. Las martillaron veinte mujeres víctimas de violencia sexual durante el conflicto. El arquitecto asociado fue Carlos Granada.

El resultado no se contempla desde abajo: se pisa. Un monumento te obliga a mirar hacia arriba; un contramonumento te pone el peso de la historia bajo los pies.

El método

Salcedo trabaja al revés que casi todo el arte contemporáneo. Primero investiga durante años y entrevista a víctimas; después decide qué objeto puede sostener eso. Cada pieza tarda un año o más, prototipo tras prototipo, con un equipo de asistentes en su estudio de Bogotá. La curadora Mary Schneider Enriquez lo resume así: no se deja nada al azar.

De ahí salen los materiales que la identifican: muebles domésticos rellenos de hormigón —piezas de hasta 770 kg—, zapatos tras fibra animal suturada en Atrabiliarios, hierba viva creciendo de mesas en Plegaria muda, seda y agujas bruñidas en Disremembered.

La grieta de Londres

Shibboleth ocupó la Turbine Hall de la Tate Modern del 9 de octubre de 2007 al 6 de abril de 2008: una grieta de 167 metros que atravesaba el suelo del museo, de fisura capilar a más de medio metro de profundidad. Se ejecutó vaciando hormigón nuevo sobre la losa original con un molde tomado de una pared rocosa colombiana.

Al cerrar la exposición se rellenó, pero la cicatriz sigue visible. Nicholas Serota dijo que quedaría como memoria de la obra. Es, literalmente, una herida institucional que no cierra: exactamente el tema.

Y el agua

En Sumando ausencias, entre el 6 y el 11 de octubre de 2016 —después del plebiscito—, miles de personas cosieron telas blancas con nombres de víctimas escritos en ceniza y las extendieron sobre la Plaza de Bolívar. En Palimpsesto, en el Palacio de Cristal del Retiro entre 2017 y 2018, un sistema hidráulico hacía aflorar y desaparecer, en gotas de agua sobre la piedra, nombres de migrantes ahogados en el Mediterráneo y el Atlántico.

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